Ponme un trago más
J. Sabina, A. García de Diego

Se llevó mi sed,
mis besos, mi pan,
mi violencia, mi pasión.
¿Ahora donde iré
con un alacrán
el lugar de corazón?

La perdí por k.o.
con el campeón,
desapareció del ring,
"no me busques, ciao",
escrito dejó
en el espejo con carmín.

Y los perros del mercado
ladraron al escuchar
la balada del abandonado
con un saxofón desafinado,
la canción que cantan,
de bar en bar,
los que beben para olvidar.

"Ponme un trago más."
"Lo siento, señor,
pero cerramos a las tres.
¿Era un cutty sark?
Dos mil, por favor,
le invatamos al café.

"Ya le he dicho que
su chica no está,
vino pero se marchó
¿qué sé yo con quien?
pagaron y en paz,
no me llamo Sherlock Holmes."

Y los gatos del mercado
maullaron al escuchar
la balada del abandonado
con un guitarrón desafinado,
la canción que cantan,
de bar en bar,
los que beben para olvidar.

El radiocasete
de un taxi escupió
un viejo blues de B. B. King
sobre un tipo que
por celos mató,
baby, en Memphis (Tennessee).

Y las ratas del mercado
saltaron al escuchar
la balada del abandonado
con un corazón desafinado,
la canción que cantan,
de bar en bar,
los que beben para olvidar.

La balada del abandonado
con un saxofón desafinado,
la canción que cantan,
de bar en bar,
los que beben para olvidar.

La balada del abandonado
con un vozarrón desafinado,
la canción que cantan,
de bar en bar,
los que beben para olvidar.