Pongamos que hablo de Joaquín
L. E. Aute

Degenerado y mujeriego,
con cierto aspecto de faquir,
anda arrastrando su esqueleto
por las entrañas de Madrid.

Aunque andaluz de fin de siglo,
universal, quiero decir,
no sé que tiene de rabino
cuando lo miro de perfil.

Amigo de causas perdidas
desde aquel Mayo de París,
no tiene más filosofía
que el vive a tope hasta morir.

Medio profeta, medio quinqui,
el lumpen es su pedigrí,
un tinto y una buena titi
le bastan para resistir.

Tirando a zurdo en sus ideas,
por donde escora a Bakunin,
dice que abajo las banderas
y arriba la lluvia de Abril.

El perdedor es su universo
aunque desea ser feliz,
y aún hay quien dice que esta cuerdo,
pongamos que hablo de Joaquín.